Momentos genuínamente vacíos.

¿Recordáis vuestro primer beso? No hablo de la primera vez que alguien os besó, sino de vuestro primer beso. Ese tipo de beso que cuando los labios se separan de ti necesitas un segundo para asimilarlo. No puedes reír, no puedes llorar, no puedes decir nada. Hacer cualquier cosa rompería el momento pues es algo que queda por encima de nosotros. Y da igual lo que pase después de ese beso, tal vez él - o ella - se fue y pasaste una semana llorando. Sin importar qué pasara antes o después, lo que ese besó dejo fue nada. No puedes pensar, no puedes sentir. Demasiado bueno para sentirlo, demasiado bueno para olvidarlo.
Seguro que recuerdas una película que justo al acabar necesitas unos segundos para asimilar lo que habías visto. No porque fuera tan compleja que tengas que recomponerla de nuevo en tu mente para entenderla, sino porque la historia en sí te ha llegado tanto que necesitas un segundo para entenderlo. Son historias tan geniales que no merecemos vivirlas. Para eso se escriben los libros y se ruedan las películas, para poder sentir lo que no podemos vivir. Hasta que lo vivimos. Acaba la película y te quedas un par de segundos mirando la pantalla, con la mente en blanco. Miras, y no ves nada. Piensas en todo y en nada a la vez. Un segundo perfecto, un segundo vacío.
Ocurre lo mismo cuando te dan una noticia realmente mala. Recuerdo cuando me dijeron que a mi tía le iban a cortar la pierna. Necesité un segundo, necesité perder un segundo para asimilar la noticia. A las malas noticias les pasa igual que a las buenas historias, no las merecemos. Y como no las merecemos, el mundo decide apagarse durante un segundo. Se sobrecarga, todo se sobrecarga. Es algo que está por encima de las personas, sin importar si son buenas o malas.
No sé donde leí que un orgasmo no miente, puede mentir una mujer pero nunca un orgasmo. Un orgasmo significa silencio, silencio total. Un segundo en que se corta la respiración, el pulso, la voz. Todo se corta, todo se para. No se puede fingir el silencio, no se puede fingir el silencio real. Las personas estamos hechas de acciones, de palabras, de movimientos y vivencias. El silencio y la nada es algo que no nos pertenece. No se puede fingir un silencio, no se puede fingir un orgasmo real.
Y esos momentos son los que dan valor a la vida. Cuantas más veces tu vida se detuvo, más valor tiene ésta. Porque esos instantes son demasiado valiosos para que todo siga su ritmo. Ese beso, esa historia, esa noticia, ese orgasmo... el mundo necesita pararse para entender tanta belleza.

2 comentarios:

Wada dijo...

Muy buena entrada, son esos segundos cuando conectamos nuestra mente y nuestra alma, cuando nos encontramos a nosotros mismos. Es silencio a veces es puro placer.

Anónimo dijo...

Me encantó esta historia.. me reí mucho y comparto por completo el sentimiento!