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viernes, 1 de junio de 2012

Bodas de plata

Esto lo escribí para las bodas de plata de mis tíos, aquí os lo dejo:

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A veces me pregunto si soy un loco que vive en un mundo de cuerdos o un cuerdo que vive en un mundo de locos. La gente, movida tal vez por la sociedad o la simple tradición, se compran casas que no quieren limpiar, tienen trabajos (quien lo tiene) que quieren dejar, coches caros que no pueden aprovechar, familias que se acaban rompiendo o hijos que acaban defraudando. Pero como siempre, existe la excepción que confirma la regla.
Rosi y Bati tienen trabajos magníficos envidiables, casas bonitas y acogedoras, coches que a mí no me importaría conducir… Pero ignoremos un poco lo material y pasemos a algo más íntimo.
Su familia es increíble. Tienen padres orgullosos que les quieren, hermanos que están ahí siempre, sobrinos que… bueno yo les veo como unos tíos magníficos con los que poder contar tanto en los buenos como en los malos momentos, no puedo hablar por mis primos pero seguro que piensan igual. Y necesitaría mil folios más para expresar lo increíbles que son sus hijos.
Pero ellos dos, como unidad, como matrimonio, son fascinantes. Si alguna vez tuviera la suerte de conocer a una de esas chicas que te quitan el hipo, y la cosa avanza y nos casamos y formamos una familia y bla bla bla. Si pasan 25 años y me encuentro como ellos dos, sabré que lo estaré haciendo bien. Feliz Aniversario.

Una hoja no tiene porque cortar dos veces

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. ¿Será que la piedra es muy grande, el hombre muy ciego o el resto de animales muy listos? No amigos, ninguno de ellos. Es simplemente que hay un tipo de piedra que es muy bella, y todos le damos mil patadas durante nuestra vida hasta dejar totalmente magullado a nuestro pie. A esta piedra, la llamaremos amor.

Tengo tan sólo unos escasos 19 años, y me siento aquí a hablar de amor. He hablado anteriormente de política, de la muerte, del pasado, del futuro, de la amistad, de ella... He hablado de mil cosas, de mil cosas que no conozco. ¿Pero acaso es pecado darse lecciones estúpidas a uno mismo? Si lo es que venga un juez y me condene, pues ninguna celda me privará de mi amor por escribir.

El amor es la mayor enfermedad y la mayor medicina. Son las alas más grandes y la piedra más pesada. El amor es la cárcel más infranqueable y la libertad más añorada. El amor es la felicidad, y la tristeza. Y esta complejidad y contradicción del amor es lo que hace que sea amado y odiado por igual. Amado por lo que se vive y odiado por lo que deja cuando se pierde. No os neguéis a él por miedo a lo que viene después. 

http://cuadrotorcido.blogspot.com.es/2010/07/no-es-tan-dificil-coger-una-hoja-al.html

¿Acabar? El viaje no acaba aquí, la Muerte es solo otro camino que todos tenemos que tomar. - Gandalf el Blanco


jueves, 12 de abril de 2012

Sueños en cajones

Escribir. Perder, tal vez invertir, unos minutos u horas delante de un teclado, tal vez una pluma. Dejar aflorar los sentimientos. Crear historias, personas, mundos. Expresarse. Decir todo lo que tu boca calla. ¿Que por qué escribimos? Pues no lo sé. Tal vez para relajarnos, desahogarnos, para compartir, para hablar, tal vez porqué nos guste. Pero tengo una ligera idea del porqué escribo yo.

A uno le gusta el cine. A uno le gusta leer, y los libros, los cómics. A uno le gusta pasear por la ciudad escuchando su música. A uno le gusta imaginar, crear mundos. A uno le gusta escribir. Escribir para desahogarte, porque cuando escribes todo queda más bello, más ordenado, más sincero, más artístico. ¿Qué hay mejor que un poco de arte? Tal vez el amor, tal vez la familia, tal vez el dinero. Pero no importa lo que tengas o te falte, no importa quién seas o dónde vivas. Siempre, podrás escribir. 

Miedo a fracasar, miedo a no estar a la altura. Miedo a que otros textos sean mejores. Lee, escribe, una y otra vez. Hasta que te sangren los dedos, hasta que pierdas las huellas dactilares. Escribe, y muestra al mundo de lo que eres capaz. Y algún día podrás mirar al cielo y decir: Eso que lees y tanto te ha ayudado a llegar a ser lo que eres en la vida, eso que te inspiró, que te hizo llorar... lo escribí yo.

No escribas para ganar dinero. No escribas para ti, no para ella, ni para nadie. Escribe para todos. Escribe por placer, escribe por drogadicción. Pero escribe joder, escribe. Y cuando hayas acabado, siempre, no lo olvides nunca:

                                                                                                                            Sonríe orgulloso.



A todos los escritores e intentos de escritores de este mundo, escribimos para ser leídos, si alguien te lee, valió la pena.

sábado, 7 de abril de 2012

Cosas de la vida

- Es bastante mona.
+ ¿Bastante mona? No entiendes nada. Mira que carita tiene, qué dulce y rica. Está claro que es un sol, un cielo, no la imagino haciendo nada malo, la inocencia. Es una chica muy inocente, y si no lo es significa que es una completa puta. No me mires así, tiene sentido. Una chica que se ve a leguas que es inocente y buena persona lo primero que pensarás es... que lo es. Si tiene cara de niña buena, es una niña buena. Pero a la primera trastada, gamberrada o guarrada que te haga, tanto si es perversa como ética, ya debes pensar que es una puta. Pero una puta de cuidado, lo peor. El mundo, la vida, las chicas son así. Sólo hay blanco y negro, o son lo mejor o lo peor, o un cielo o unas putas. Y eso se aplica a las personas en general, o son muy buenas o son muy malas. Y si dudas lo mejor es pensar que son malas, es más fácil acertar. Pero el problema no es que una persona sea buena o mala, puta o inocente, que no pueda ser buena persona y cagarla de vez en cuando. ¿Sabes cuál es el verdadero problema? Yo te lo diré: Que las personas buenas son el panadero de la esquina y las malas el Presidente de los Estados Unidos. Y el panadero no tiene poder alguno, nada, sólo te da pan. Pero el presi ya no es moco de pavo, es la persona más poderosa del planeta. Así que lo dicho, no te fíes de nadie, si piensas que todas son malas personas acertarás más veces, y el panadero es un buen tío.
- Vale, un tanto exagerado, extremista, pero tienes razón. Hay mucho cabrón suelto, lo mejor es no fiarse.
+ Ves, no entiendes nada. Te he dicho que no te fíes de nadie y te has fiado de mí no fiándote de nadie. ¿Es que no me escuchas? No te fíes de nadie, de nadie. ¿Cómo se te ocurre fiarte de una persona que te dice que todas las tías son unas putas?
- Bueno, no has dicho eso exactamente, has dicho que son o muy inocentes o muy putas. Pero ahora quiero hablar de lo que me has dicho. ¿Que no me fíe de ti? Vaya problemón, si no me puedo fiar de nadie, ni de ti...
+ ¡Exacto! He aquí otro de los mayores problemas. El primero es que la gente es o muy buena o muy mala, o muy inocente o muy puta para las tías. El segundo es que las personas malas tienen poder. Y este último es que si no te puedes fiar de nadie, ¿qué haces? Esa es una pregunta que a todo el mundo le duele hacer: ¿Si no puedo fiarme ni de ti, qué hago?
- ¿Y cuál es la lección de todo esto?
+ La lección es que las personas no son de fiar, y sólo nos queda nuestro instinto. El instinto de una maldita, retorcida y macabra persona. 

martes, 27 de marzo de 2012

La chica del tren

Este texto lo he escrito para un concurso. El concurso me pide un relato con una temática relacionada con el tren. Así que lo comparto con vosotros:
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No hay ni ha habido ni habrá personas suficientes en el mundo con tantos dedos para contar cuántas historias de amor han ocurrido. Y de todas ellas muchas se han situado en un tren, y la mía es una de ellas. Las introducciones suelen aburrir, pero tengo que situaros, seré breve: Yo era un joven que cada día dejaba que el tren me llevase de casa a la universidad y viceversa. Yo era un chico que fue abandonado por una chica y caí en ese infantil engaño que te dice que si una te abandonó y te hizo daño todas lo harán. Seguro que a muchos os suena esta historia, no es anormal ni extraña ni siquiera interesante. Pero todo cambia a partir de aquí. 
Vergonzoso, soñador, diferente... pero el punto importante no soy yo, es la historia. Y la historia nos conduce a que mis ojos se posaron en la sonrisa, o tal vez risa, de una chica cuyo pelo era negro como el carbón, con ojos grandes y de humilde estatura. Y si leéis un par de líneas arriba recordaréis que soy vergonzoso. Esto nos lleva a la cómica situación en que los días iban pasando y por muchas veces que ella coincidiese conmigo en la estación nunca hablábamos, pues la cobardía se apoderaba de mí. Ahora vislumbrad una estación de tren, y un chico que gira la cabeza demasiadas veces por segundo buscando con la mirada a esa chica. Una estación con gente con la mirada perdida pero con una personilla que iba examinando cada metro de esa estación. Cuando subía al tren iba buscando entre todas las miradas desconocidas la de esa chica, la chica del tren. Y pensaréis, ¿qué tiene de especial el tren en esta historia? El tren lo es todo. El tren es el elemento que me dio la esperanza. El tren es el lugar al que iba cada día corriendo esperando tener la valentía para hablarle. El tren era el lugar en el que mi imaginación bailaba cada día creando situaciones que sabía que nunca me atrevería a crear en la realidad. El tren y la estación se apoderaron de mí en la rutina, en mi imaginación e incluso en mis sueños. Y los días siguieron pasando, esos días en los que yo me dejaba caer en la estación esperando que algo cambiase, tal vez por mí o tal vez por la magia.
Pero siempre llega un día especial, tal vez diferente. Empezó corriente y normal; me levanté, caminé o tal vez corrí hacia la estación y me perdí en ella dejándome llevar por ese movimiento mío de cabeza tan característico. Pero esa mañana algo me invadió y me encontré con la valentía que tanto necesitaba. Y recorrí la estación con la mirada perdida para no cruzarla con los desconocidos que encontraba en mi camino. Cuando llegué a la chica del tren mi cerebro empezó a trabajar: Estoy en una estación de tren de una ciudad que no conozco, utilizaré eso. Así que me presenté y usando la excusa de que me enseñase la ciudad conseguí existir para ella. No fue honrado del todo utilizar ese argumento para conocerla, pero era lo primero que pasó por mi cabeza.
Y los días fueron pasando, eso nunca cambia. Y cuando la suerte está de mi parte coincidimos en esa estación. Y cuando coincidimos intento ser interesante, divertido, tal vez especial o tal vez diferente. Y no puedo seguir con la historia, pues no puedo ver mi propio futuro ni el de ella. Pero cada día sigo dejándome llevar por ese tren, espero con confianza en la estación y que el destino escriba esta historia, pues yo ya hice bailar la pluma hasta este punto. Y con la estación como escenario y yo como protagonista y escritor, la historia seguirá el curso que el tren y las vías dibujen para mí.


Me haríais un favor si ahora entrarais aquí http://relatscurts.tmb.cat/ca/relat/lliure/33 Simplemente entrad y si os gustó el texto dadle al Me Gusta del final. Muchas gracias.

domingo, 18 de marzo de 2012

La jaula de la libertad

Ella era un alma libre, un gato salvaje, hacía lo que quería cuando quería como quería y donde quería. No era de nadie, nadie tenía derecho ni deber sobre ella. Llevaba su vida a su manera y era feliz, o ella decía eso siempre. No le faltaba nada, tenía un buen trabajo, un buen piso, unas buenas facturas. En su trabajo ella imponía su horario, su sueldo, su forma de vida. Su piso estaba decorado como ella quería. Y en las facturas... bueno, lo mejor sería no meternos mucho en ese asunto. Pero esa libertad se basaba en su vida solitaria. Tenía mil amigos y compañeros, no le faltaban fiestas y reuniones. Pero no estaba atada a nadie, no había nadie que decidía por ella y nadie a quién le debiera explicaciones. Pero todos sabemos, y si no lo sabes ya va siendo hora de que lo sepas, que la vida da cien vueltas y nunca sabes lo qué te esperará. Y ella se encontró un día con esos ojos verdes, con ese pelo sedoso, con ese cuerpo en forma, con ese hombre de ensueño. Y cuando se rindió a su voz, a su encanto, a su caballerosidad, a su todo... se dio cuenta que podía enamorarse pero no podría nunca permitirse el incluirle en su vida, pues ella estaba atrapada en esa jaula de libertad.

sábado, 10 de marzo de 2012

Historias ininteligibles

Esta no es una historia de mentiras, aunque hay varias en ella. Mentiras que son verdades, o que tal vez no lo son; mentiras que ya no importan; mentiras de las bonitas, por las que vale la pena mentir. Mentiras que ocurrieron hace tiempo y que aunque aún no sepa cuál de las mil versiones es la real, sé que ya no vale nada la pena. Mentiras de las que no sé si creerme o no creerme la mentira hasta que me doy cuenta que no es una mentira, sólo un punto de vista. Y entonces me doy cuenta que aunque esas mentiras me hicieron muchísimo daño y ya no soy lo que era, ni siquiera sé si son mentiras y además siempre es bueno recordar todo lo que aprendí. Así que apartando todo el dolor y lágrimas, levantemos la cabeza bien alta y gritemos un gracias al cielo. Y hasta que mil pájaros no huyan espantados por mis gritos, no dejaré de gritar gracias. Y sonriendo, volveré a levantar ese dedo que una vez dejé caer.
Porque ya no importa a quién quiere o si quiso algún día, ya no importa a quién quiero o a quién quise, no importa a quién quiere él, o a quién quieres tú. Lo único que importa es que apareciste en el momento indicado, y nunca importó el porqué fue en ese momento, sólo importa el que lo hiciste. Así que cerrando mis ojos y sonriendo con mi gran desventaja, sólo te digo que la paciencia es infinita. Y lucharé por esto que no tiene nombre, y no sé por qué lucho exactamente, ¿pero importa eso? Simplemente en el momento en el que menos te lo esperes empezaré a luchar por ti de verdad. Y entonces, llegado ese momento, seré imparable.