Ladies and Gentlemen

Corría el Siglo XIX ya abrazando a su hermano mayor, esa época en que los hombres eran hombres y las mujeres, mujeres. Esos años que no importaban las guerras, el hambre o la injusticia; ellos sabían vestirse, hablar o moverse. No se trata de quedar bien, se trata de la compostura y el saber estar. Se trata de quitarse el sombrero en lugares con techo y de siempre retirar la silla a las damas. Se trata de siempre dirigirse de usted. Se trata que no era todo sexo, había amor y pasión, y entonces el sexo era mejor. Oh, seguro que era mejor.

El Siglo XXI se puede resumir a "¿Por qué dicen amor cuando quieren decir sexo?". Abrazad al amor, abrazad al sexo, y no tiene nada malo el separarlos. Pero admitidlo cuándo lo hagáis. En el pasado los tabúes corrían por otra dirección, pero la caballerosidad se respiraba en el aire. Tal vez esta sociedad sea más abierta, pero aún es demasiado pequeño el porcentaje de mujeres que confiesan masturbarse. Nos creemos avanzados cuando en muchos aspectos aún encendemos el fuego a golpes de piedras, pensamos que somos mejores cuando sólo sustituimos unos valores por otros. Menos homófobos, menos racistas, menos machistas, mejor salud, menos guerras... Menos caballeros, menos damas. Menos sombreros, menos "Por favor, pase", menos "Después de usted, caballero" y "No, las damas primero".

Sobran tabúes, sobran "Los caballeros no hablan de eso.". Señor, usted no es un caballero. 

- No es una buena idea, lo sabe. Mi corazón no puede ser suyo.
+ El mío es suyo ya, ¡que situación de desventaja la mía! - El hombre del sombrero y el bastón tenía siempre un leve tono de sarcasmo en su voz.
- Por favor, déjelo. Va a hacerse daño, o hacerme daño a mí. Estoy prometida, ¿no ve que esto no lleva a ninguna parte?
+ Yo podría ser lo que siempre ha estado buscando. - Sonrió.
- ¿Quiere que le deje a é... - Se notaba nerviosismo en su voz, pero no vaciló en la pregunta.
+ No, por favor, yo no sé lo que quiero. Daría mi alma por saber lo que busco, anhelo o siento. Me siento tan perdido como un náufrago en el gran océano. No sé qué busco, no sé qué quiero y sobretodo no sé porqué usted. Pero aquí estamos, yo luchando por usted y usted luchando contra mí. No le pido que me comprenda, no le pido nada. Usted sólo haga lo que quiere. Si quiere estar con su prometido, no le deje nunca. Si en algún momento, si en algún segundo piensa en mí de otra forma, corra y búsqueme. 
- No me sea usted falso, ¿cómo va a conquistar a una mujer si le dice que no vaya a por usted? 
+ Le digo que haga lo que quiera. Si me quiere a mí, aquí me tiene.
- No le quiero.
+ Yo sí.
- Esto no lleva a ninguna parte.
+ No le prometo ser mejor que él, ni siquiera le prometo ser bueno. Tal  vez me conozca y descubra que soy un ser despreciable. Tampoco le prometo luchar por usted, no le prometo sacar mi mejor versión por estar con usted. No puedo prometerle nada, pero tiene mi palabra. Tiene mi palabra que seré un caballero. Que nunca me aprovecharé de usted, que nunca heriré sus sentimientos, que nunca le levantaré la mano. Sólo necesito que confíe.
- Confíe demasiadas veces, demasiadas estacas por la espalda.
+ La entiendo, yo tampoco confío en usted.
- ¿Qué? ¿Quién se cree que es? 
+ ¿Por qué iba a confiar si no la conozco?
- ¿Entonces a qué viene todo esto?
+ A que en ese momento en que estaba perdido, sin saber qué quería ni en qué creía, apareció.
- Está usted loco, ¿y si a él le molesta?
+ Me batiré en duelo.
- ¡No puede hacer eso!
+ No intentaré demostrarle que soy mejor que nadie, pero tampoco permitiré que nadie me aleje de usted.

"Esos años en que los hombres eran hombres y las mujeres, mujeres."

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