2011

Para mi 2011 ha sido como un pastel, como un pedazo de queso, como una hoja de papel. Ha sido un 2011 como cualquier cosa que puedas coger y partirlo por dos partes totalmente iguales.

La primera parte fue genial, tal vez los mejores meses de mi vida. No tengo nada en contra de ellos, fui muy feliz.

La segunda parte una mierda, tal vez los peores meses de mi vida. Lo tengo todo contra ellos, no se acaban nunca.

Y ahora se nos presenta Don 2012. Diciendo que es el último, que debemos disfrutarlo pues según unos tal Mayas a Diciembre se acabará todo. Bueno, espero que nadie sea tan estúpido para creerlo. Igual que nadie debería creer en lo de: Año nuevo, vida nueva. Pero es en lo único que podemos acogernos. Así que si alguien piensa como yo, si quiere que las cosas vayan mejor y en el fondo no está contento del todo:

¡2012 no cambiará nada, pero que coño de las ilusiones se vive!

Recuerdos musicales

Estaba sentada en una esquina, con la mirada perdida y el débil sonido de sus huesos al mover los dedos. Le gustaba mucho golpearlo todo suavemente con los dedos, le relajaba. Se echó atrás su pelo blanco y sonrió al horizonte, pensando que hoy sería un buen día. Impulsó atrás la rueda y su silla dio la vuelta. Seguía allí, cada día se despertaba y se dormía en ese oscuro y blanco edificio lleno de ancianos y jovencitas vestidas de blanco. No sabía porqué vivía allí, ni siquiera le gustaba el sitio, no la dejaban salir. Una de las jovencitas se acercó a ella y le preguntó si quería pasear por el jardín. ¿Cómo podía tener jardín un sitio así? Ella asintió y la jovencita empujó su silla al exterior. La brisa cálida de verano le acarició la cara y le dibujó una sonrisa. Las ruedas se deslizaban dulcemente por el césped y ella iba dejándose peinar por el viento. Su pelo bailaba sobre sus hombros y su vestido danzaba en sus tobillos. Pasaron por al lado de un anciano que le sonrió, ella le devolvió la sonrisa para ser cortés a ese desconocido. Luego pasearon al lado de una fuente donde había nombres escritos en una tabla de al lado. Algunos tenían trazos seguros y firmes, otros trazos flojos y temblorosos. Uno de los nombres le parecía familiar, no sabía de quien era pero intentó recordar. Era un nombre de mujer, estaba seguro que la conocía. La jovencita pasó un trapo húmedo por el nombre que ella estaba mirando y el escrito brilló, la jovencita le sonrió y le preguntó: ¿Recuerdas el día que escribiste allí tu nombre? Ella asintió, no recordaba ese día, pero ahora si recordó quién era esa mujer. Dejó caer una lágrima y empezó a entender algunas cosas. Recordó quién era y dónde estaba, recordó quién era esa jovencita y recordó porqué no le gustaba ese lugar. La enfermera le pasó otro pañuelo por los ojos, la besó en la frente y le dijo: ¿Quieres tocar el piano? Eso siempre te relaja. No recordaba saber tocar el piano, pero un golpe de esperanza le sonrió y dijo que sí.

Volvieron a pasear por el jardín hasta volver al edificio, entraron en el comedor y la enfermera la dejó de cara a un gran piano negro, brillante como el que más. Recibía la luz del sol por una ventana y se notaba que estaba muy cuidado. Vio una partitura encima del piano, la cogió y tuvo la sensación de que no quería tocar eso. Dejó la partitura y empezó a deslizar sus dedos por las teclas. Sin presionar ninguna siguió dando contacto a su piel con la madera, estaba muy relajada. No sabía porqué pero en su cabeza empezó a dibujarse una partitura, un orden. Presionó la primera tecla y dejó que sus dedos se moviesen. Era una sensación extraña. Siempre habría pensado que la música era mover tu cuerpo para que el instrumento dejara ir un sonido. Entendió que no era así, sino que tu cuerpo y el instrumento se unían en uno que te movían para crear una dulce melodía. No necesitaba partitura para dibujar esa obra, ella simplemente dejaba que la música se apoderara de ella y dio el orden y libertad a sus dedos para darle forma a esa canción. No sabía si habría tocado alguna vez esa obra, le resultaba familiar pero no puede ser que algo tan cálido y hermoso ocurriese cada día, seguro que era la primera vez que la tocaba. Siguió presionando teclas y cerró los ojos. No veía el piano pero sabía donde tenía que poner los dedos. Empezó a escuchar susurros y ruedas girando a su alrededor, los ancianos la miraban. Ella siguió haciendo cantar el bello piano y siguió observando sus arrugados dedos bailando sobre las teclas. Era hermoso, muy hermoso. No sabía en qué momento había aprendido a tocar el piano, no sabía si lo tocaba cada día o si no lo hacía nunca, no sabía cuanto llevaba ese piano esperándola, pero disfrutaba ese momento como el que más. Presionó otra tecla y dejó de tocar, tenía la sensación que la obra había acabado.

Que momento más extraño. Crear algo tan bello sin saber cómo. Ella sabía como hacerlo, observaba el piano y conocía perfectamente cómo funcionaba y cómo hacía sonar las teclas. Al coger la partitura había sabido leerla y había entonado la melodía en su mente. Ella lo entendía todo, pero no sabía porqué. La enfermera que la había dejado frente al piano se acercó de nuevo, le cogió la mano, la besó en la mejilla dejándole notar una lágrima cayendo y le susurró:

- La compusiste hace 10 años, cuando sólo era una cría y la has podido tocar. Cada día tocando a grandes artistas y justo hoy has decidido tocar mi obra, la que hiciste para mí. Mamá, ha sido el mejor regalo de cumpleaños que podías hacerme, como ya lo hiciste hace 10 años.

Palabras para nadie

Quiero dedicar esta entrada a alguien y a nadie a la vez. A una persona que no conozco pero sé como es. Es una persona en la que pienso cada día, que no tiene forma definida aún. No sé si es alta o baja, no sé el color de sus ojos, ni el color de su pelo, no conozco su voz pues nunca la he oído, no sé qué le gusta y qué detesta, no sé cómo huele. Pero sé que me encanta su altura, sé que sus ojos hacen que no pueda ver más allá de ellos, que me hipnotiza el baila de su cabello al viento, que cada palabra que sale de su boca hace que todo brille un poco más, que me encantan sus gustos y bueno, qué decir de su olor. Hablo de ella, de esa mujer tan especial. Algunos ya la conoceréis , otros no, otros tal vez creáis que ya la habéis conocido. Otros tal vez la conocisteis hace años y disfrutáis con ella cada día de vuestra vida. Otros tal vez la conocisteis hace años y tenéis que amarla en silencio. Otros tal vez la habéis encontrado pero no os atrevéis a acercaros. Quién sabe, tal vez alguno con mala suerte no la conozca nunca. U otro con peor suerte  aún crea que ya la ha conocido.

La pregunta importante es: ¿Existe? ¿De verdad hay allí fuera alguien para cada uno? ¿De verdad aparecerá algún día esa persona que aparece en mi mente cuando cierro mucho los ojos? Y si existe, ¿la conoceremos? Son preguntas difíciles de responder, puedes atarte a ellas o puedes ignorarlas. Pero todos sabemos que existe esta duda.

Así que le digo a esta mujer tal vez inexistente: No aparezcas ahora. No estoy en mi mejor momento, no estaría a la altura ni me acercaría a ello. Espera un poco, aún no es el momento. Porque no hay nada que duela más, que saber que has conocido a la mujer de tu vida y a la vez saber que no ha sido en el momento adecuado.

Y concluyo preguntando: ¿A quién se la estará chupando ahora la futura madre de mis hijos?