Perdición

Ahora sí, todo acaba. Aquello único a lo que creía que podría aferrarme lo he perdido. He estado unos días viviendo una ilusión, una ilusión disfrutada que me permitía no caer en una profunda grieta, pero sólo era una ilusión. Al fin me he despertado, de una torta bien grande.

Es increíble como todo cambia en el preciso instante que piensas : Creo que ya no vale la pena luchar. En ese preciso instante en que caes hundido en lágrimas sobre tu almohada y luchas contra tu instinto por golpear todo lo que rodea. Cuánto han visto, oído y sentido esas cuatro paredes... Es increíble como todo se pierde en ese momento, ese momento en el que dices: Sí, ahora sí es el momento. Y hace unas pocas horas yo no era más que un deshecho intentando convencerme de que llorar no sirve para nada, que nada cambia. Pero una vez más, pasé de la razón.

Bendita razón, debería aferrarme más a ella. Y maldito corazón, cuánto daño has hecho. El amor es una ilusión, un momento en que vivimos envueltos de ilusiones y todo parece bonito y espléndido. Pero repito, es una ilusión. Y como tal, se acaba. Y llegará el día en que encuentre algo real, tal vez se me acabe de escapar o tal vez recaiga una y otra vez en ilusiones hasta el día en que me convierta en simples cenizas. Quien sabe, pero esta ilusión vivida no ha sido un tiempo perdido. Ha sido un tiempo invertido.

Un tiempo para aprender; para obtener unos conocimientos y unas aptitudes. Para crecer como persona y como hombre. Ha sido un tiempo muy aprovechado.
Un tiempo para reír, y llorar, y volver a reír y llorar. Y reír por haber llorado y llorar por no saber cuando volver a reír.
Un tiempo para conocer gente, para intercambiar ideas, sentimientos, risas y cervezas. Un tiempo en el que te das cuenta que eres infinítamente pequeño en este mundo.
Un tiempo para conocerla, amarla, sonreírle y hacerle sonreír. Para quedarse perdido en esos dos grandes ojos, en esos labios, en esa risa. Un tiempo para luchar, para convencerte siempre que era posible, para convencerte que no era una ilusión.
- Mamá, he conocido a alguien...
- ¿Una chica?
- Sí.
- ¿Es guapa, simpática, lista, graciosa...?
- Ella es perfecta. Es esa mujer que aparecía siempre en mi mente cuando intentada vislumbrar a la mujer ideal, perfecta, a esa a la que siempre buscaba. Es la más bella, la más simpática, lista, graciosa... Lo es todo.
- ¿Y sois novios?
- No, ya no. Sólo amigos, ¿pero sabes qué? Los amigos sólo se cuentan con los dedos de una mano, así que me siento profundamente feliz de poder levantar un dedo más, levantarlo bien alto y con orgullo pues tú...


... por encima de todo... has sido mi amiga
has sido mi mundo... mi vida, mi todo...
has sido aquella que sabía dibujarme sonrisas, y borrarme lágrimas...
has sido la que mejor sabía, sabe y sabrá sobre lo que me gusta y que odio... aquella que a veces pensaba más en mí que en ella misma...
has sido todo y no sé hasta cuando durará, no sé cuando dejará de palpar para ti, no lo sé. Tal vez sepa que se ha acabado, tal vez sepa que esa ilusión se ha destruido, tal vez sepa que no hay opción; pero bueno, como dices siempre tal vez soy algo pesimista... o realista...?

El tiempo dirá, bendito sea el tiempo por encima de todo.

¿Y ahora qué?

Es una buena pregunta cuando todo cambia. Cuando un día te despiertas teniéndolo todo, y al día siguiente ya no tienes nada. O eso crees tú... no te mientas. Nadie ni nada es todo, pero si que es demasiado. Y yo no sé que hacer.

¿Luchar? ¿Abandonar? Dije que nunca me rendiría pero veo toda causa ya perdida... veo que contra más avance más lágrimas derramaré y ya me he dado cuenta que no siempre soy capaz de dibujar sonrisas. Me siento inútil... me siento como no quise sentirme nunca, como eso a lo que siempre tuve miedo. Me siento como alguien incapaz de hacerla feliz. ¿Y ahora qué?

Toda tu vida buscando a esa persona, esperando a que aparezca, pensando cómo actuarás y qué dirás. La conoces. Te cautiva, encanta, enamora, de todo. Y se acaba. Todo acaba al igual que empieza. No la has perdido del todo pero duele, duele mucho.

Pero algo, algo pequeño, una voz con muy pocas fuerzas, una voz que no sé si escuchar, una voz que todos me dicen que ignore y sé que lo harán, una voz que siempre he escuchado y quise hacer caso y ahora no reconozco. Esa voz no para de repetírmelo, y yo no sé si destaparme los oidos:

No te rindas, aún no.